Anunciado desde la E3 de 2014, y con varios años de desarrollo a cuestas, CUPHEAD comenzó a divisarse como un juego de plataformas que homenajeaba un estilo artístico de antaño. Después de un largo trecho, el juego ya terminado hoy asombra a un publico poco acostumbrado a este tipo de propuestas, reencontrando un estilo artístico añejo que ahora se luce magníficamente en un videojuego.

 

Tras esta notable recepción, vamos a enfocarnos en los factores  claves en el  desarrollo de este exitoso juego.

 




 

EL REDESCUBRIR DE UN ESTILO

Sin duda el apartado gráfico de Cuphead esta en boca y vista de todos, y es que el estilo utilizado es parte de una expresión artística de una época casi olvidada, pero real, esperando a ser desempolvada y principalmente, ser REDESCUBIERTA.

Este estilo en esencia se desmarca de todo lo que normalmente ya se ha visto en una industria que generalmente no mira al pasado, y en este caso, a un pasado marcadamente lejano.

Y es que la principal virtud de esta propuesta se basa en un acercamiento honesto a la legitimidad, que de manera explicita, se hace presente en toda la producción audiovisual,  comenzando con ilustraciones  y fondos pintados con acuarelas, todo hecho a mano, y es que, la desarrolladora tomó muy en cuenta la originalidad, sabiendo que la mejor forma de representar un estilo de los años 30, es recreándola de la manera mas fidedigna posible.

 

 

 UNA SIMPLEZA DISFRAZADA

Cuphead es un run and gun, que a diferencia de un Contra o un Metal Slug, ofrece una aparente sencillez que en pocos minutos asciende a lo impredecible, tanto en la jugabilidad, como en el ritmo de la trama, y claro esta, la dificultad, todo al mismo tiempo.

 

El argumento comienza a modo de un libro de cuentos, Cuphead y Mogman, a pesar de las advertencias, salen de casa empujados por un espíritu aventurero y posteriormente la codicia, que los llevará nada menos que a apostar sus almas con el mismísimo diablo. Para saldar esto tendrán que conseguir otras almas, o sea, y en buen cristiano: trabajar para el.  La forma en que esto se representa, refuerza la conexión con esa época, una formula de los inicios de la animaciones, que en muchos casos congeniaba en dupla, con la ingenuidad y lo bizarro.

 

 

EL SHOW DE LOS JEFES

El corazón del juego es sin duda el enfrentamiento a una andanada de jefes a quienes enfrentas desde el inicio de la mayoría de actos, cada jefe resulta especialmente atractivo por sus diseños de la época y por ello, con unas formas extravagantes,  generando una personalidad propia a la jugabilidad y al título.

 

Si hablamos de los jefes o bosses, en cualquier juego plataformero el camino hacia estos es un menester obvio, un libreto repasado una y mil veces, pero en Cuphead ese camino es solo un ingrediente más del banquete principal, las luchas con los jefes son además de inmediatas; constantes y frenéticas, esta novedosa forma de enfrentar al jefe final desde los inicios, incrementan el acto de repetir y seguir, de una forma muy particular.

 

 

 

 

EL COMPLEMENTO MÁGICO – LA MUSICALIZACION

Se suele decir que en toda obra audiovisual la música y el audio en general es la otra mitad del producto, en los videojuegos no es la excepción, y con más razón si hablamos de la intención de ambientar musicalmente una estética visual de hace mas de 80 años. El genero musical de esos días se manifiesta en el jazz , que especialmente para este juego, se nota por momentos fusionada con charlestón, góspel y el swing, géneros que muchos videojugadores noveles apenas han tenido oportunidad de conocer. Y posiblemente nunca antes lo hayan escuchado como fondo musical de un juego.

La magia de la musicalización no solo se limita a las composiciones, sino también a los efectos sonoros que fusionan de manera ejemplar, aquellos primeros sonidos originados con los mas impensables artilugios, con los sintetizadores de hoy.

 

 

El especial énfasis a la musicalización se demuestra con una entrega especial que consta de una serie de vinilos que serán distribuidos como banda sonora, en 3 horas de material musical, en una presentación de lujo.

 

 

Se ha dicho que Cuphead no es para todos los gustos, y puede ser cierto, pero dudo que en estos momentos haya un buen juego que además de ofrecer un producto bien hecho,  te ofrezca una experiencia, donde se redescubre el espíritu artístico de una toda una época.

 

 

 

 

 

 

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